Ya hemos superado la época en la que nos asombrábamos con
los gráficos que se pueden ver en un videojuego de Smartphone. A todo –o casi
todo– el mundo le da igual que el iPhone 4S tenga 512 MB de memoria RAM y el
Galaxy Nexus tenga más de 1 GB.
Pasaron los días de “la carcasa de mi teléfono es más bonita
que la tuya” y ya nunca importará tanto el diseño externo del teléfono como con
las carcasas intercambiables de tus Nokia. Nadie habla ya sobre si el iPhone
posee una calidad de audio mayor, como hace unos años, o de si con un HTC entre
tus manos te ves obligado a realizar varios hard reset al mes, como ocurría
cuando sólo llevaban WP5. Ahora, ni siquiera importa la batería del teléfono
excepto para los pocos que seguimos con un Smartphone de gama baja.
No, ahora ya no importa tanto todo eso. Hoy en día, el tema
es Apple contra Google; iOS contra Android. La tradición de los últimos años
contra la potencia del momento. El visionario con carisma contra tu mejor amigo
en Internet, la confianza contra la innovación. Y así es como se ve a estas dos
compañías fuera del mundo geek, en espacios como la publicidad, que define a
las personas a través de la imagen que da de ellos un teléfono móvil
determinado. Así, quien lleva un iPhone es un alto ejecutivo, un hombre que
quiere un capricho caro. Alguien que quiere trabajar y divertirse al mismo
tiempo, que sus compañeros de oficina y sus acompañantes en un restaurante caro
vean una manzana mordida en el dorso plateado de su móvil cuando recibe un
urgente mail que debe responder, porque siempre está ocupado. Nunca descansa,
nunca olvida el trabajo, siempre está on, por eso merece un iPhone.
En la otra vertiente, quien usa un dispositivo Android es un
usuario habitual de redes sociales, un chico joven con aspiraciones y que
siempre está investigando nuevas formas de comunicación. Alguien que siempre
tiene un álbum de fotos de una noche de fiesta que subir y quiere hacerlo
rápido. El chico que puede decirte en un minuto la clave WEP del WiFi de tu
vecino con echar un vistazo a la pantalla, o el que quiere publicar en su blog
rápidamente cómo ha ido el día. El que tiene un fondo azul claro lleno de nubes
y un bonito reloj minimalista impreso sobre una enorme pantalla brillante.
Tengo veinticinco años y ya es hora de empezar a ser serio, pero, antes de
ponerme con ello, subiré las fotos de la fiesta de anoche. Eso dice un Android.
El caso es que este tema de discusión se está llevando a un
extremo cada vez más absurdo. Pensemos, por un momento, en una persona que no
tiene ni idea sobre nuevas tecnologías. Un hombre de unos cincuenta años que
sólo quiere llamar por teléfono y su hijo no deja de hablar de que con un Smartphone
puede hablar gratis, que puede escribir gratis, que puede hacer cosas
increíbles. Estamos en crisis, pero su operadora le ofrece uno de esos modelos
de teléfono que ha visto por la tele, con una pantalla gigante. De hecho, es
una pantalla tan grande que le hará preguntarse si de verdad necesita algo tan
grande para hablar por teléfono. Y la agradable tele operadora le comenta el
fútil precio y la permanencia obligada pasa como por alto, como de puntillas;
en realidad no es tan caro, y puede sentirse como un veinteañero o como un
hombre de negocios por el tiempo que lo esté usando. En realidad, hasta parece
un gran trato: una nueva máscara, bien definida, a su servicio. ¿Cuál quiere?
¿La manzana o el androide?
Por una parte, la más estricta tecnológicamente hablando,
desde Apple se intenta demostrar siempre cierta innovación en cada nuevo
terminal, y en la parte más “rosa” (menos tecnológica) se encuentran las
famosas demandas. La idea es de una lógica aplastante; quien denuncia antes al
otro por plagio tiene más posibilidades de ganar prestigio ante los potenciales
compradores. Pero este posible comprador no lo piensa, simplemente le atrae la
idea de hablar con su teléfono como si de un asistente personal se tratara. En
la otra mano tenemos a los fans más acérrimos de Google, que se basan en la
idea de la magia de poseer un núcleo Linux y el código abierto para dirigir las
conversaciones sobre tecnología. Así, en una conversación consiguen que la idea
de que nuestro nuevo asistente, Siri, ya no sea tan innovadora. ¿Entonces? ¿Qué
es lo que quiere este comprador realmente?
¿Apple o Android? ¿Qué prefieres tú?
REALMENTE LOS DOS TIENEN SUS VENTAJAS Y DESVENTAJAS, LA DESVENTAJA DE APPLE ES EL COSTO QUE PUEDE LLEGAR A TENER EL IPHONE EN CIERTOS PAISES ADEMAS DE QUE APLICACIONES QUE PARA ANDROID SON GRATUITAS PARA APPLE SON DE COBRO,LAS DESVENTAJAS DE ANDROID SON QUE LOS SMARTPHONE DE UN NIVEL BASICO, NO DISFRUTAN DE TODAS LAS CARACTERISTICAS QUE LA VERSION DEL SISTEMA OPERATIVO LES OFRECE Y POR LO TANTO PUEDE QUE LA SIGUIENTE ACTUALIZACION NO SEA SOPORTADA ACTUALMENTE HAY EQUIPOS QUE TIENEN LA VERSION 2.1 Y OTROS LA 2.3 A LOS MISMOS COSTOS, REALMENTE EL GUSTO Y LA ECONOMIA ES LO QUE DEFINEN QUE COMPRARA EL USUARIO.
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